domingo, 27 de junio de 2010

¡¡¡QUE VIENEN LAS CRUZADAS!!!

Habían pasado algunos meses desde que la historia de la medallitas de marras, aquellas que resultaban tan caras, puso fin a nuestro sueño de Fundadoras. ¿Fin? ¡Qué va!, simplemente estaba en un estado de hibernación hasta que llegó aquel día en que, como de casualidad, vino a parar a nuestras manos una revista que publicaban en el Colegio de los Jesuitas. Esa revista, que tantas veces habíamos visto pero no abierto, escondía en sus páginas lo que iba a constituir nuestra “Segunda Llamada a la Fundación”. Nuestra vocación, que había estado latente sin que lo supiéramos, se despertó ese día.
No era casualidad que en nuestra casa estuviera esa revista, ya que era la del Cole de nuestro queridísimo hermano. Todavía era alumno del Colegio. Menos mal, porque si no es por él, nunca hubiéramos sentido la “segunda llamada” (¿o sí?) Decimos todavía porque poco tiempo después los “padres Jesuitas” invitaron gentilmente a nuestros padres a que se llevaran para siempre al “elementito” que era y que fue siempre nuestro hermano. Con gran disgusto por cierto, sobre todo de nuestra madre, que pensaba que era el mejor Colegio para su hijo. Naturalmente, y por los resultados, estaba visto que su hijo no era el mejor para el Colegio. Ni siquiera era digno de permanecer mucho tiempo allí.
Dicho esto, nos vemos obligadas a volver a aquellas dos gemelas de doce años, fascinadas al encontrar dentro de la revista unas fotos de “los Cruzados de la Eucaristía” ¡Qué capas tan bonitas, de raso blanco por dentro, rojo por fuera (¿o eran rojas por dentro, blancas por fuera?), con una gran cruz bordada en oro…
Y ¡zas! Vino el rayo iluminador: ¿Por qué no hay Cruzadas?.
¡Ver para creer! Las gemelas también precursoras de la igualdad hombre-hombra, mujer-mujera.
Si había Cruzados, también tenía que haber Cruzadas…
Iluminadas y nuevamente entusiasmadas, allá que nos fuimos a decírselo a Pizca. ¡Cómo no, también se sumó al entusiasmo! (Se ve que no lo decía, pero ella, como nosotras, se había quedado hondamente frustrada por el fracaso de las Inesianas).

Quiso el destino que por aquella época, en la Televisión, se emitiera un programa que presentaba un cura del Opus Dei, llamado Jesús Urteaga, con el que iniciamos una correspondencia lo suficiente intensa como para hacerle partícipe de nuestras “ansias” fundadoras.
Deseábamos que en nuestro colegio, hubiera “Cruzadas de la Eucaristía”. Él nos animó y nos proporcionó un contacto en el colegio Cluny, que nos escuchó con mucha atención, dándonos documentación y algunos librillos sobre el funcionamiento. El padre Jesús Urteaga también nos había metido de lleno en el proceso de beatificación de una chica catalana, que había muerto a los 16 años de un cáncer de rodilla, que sobrellevó con gran resignación y murió en “olor de santidad”. Su nombre era Montse Grases del Opus Dei. (Es que nos apuntábamos a todas, oye)
Ni cortas ni perezosas, sabiéndonos apoyadas por D. Jesús, también fuimos a exponer nuestras intenciones, revista en mano, bien documentadas y aleccionadas del espíritu de los Cruzados, ¿A quién? Pues ni más ni menos que a la Madre Prefecta (a veces creíamos que se llamaba Perfecta) del Colegio de la Enseñanza.
Nos recibió, contra todo pronóstico. Nos escuchó atentamente todo lo que le decíamos, todo lo que le proponíamos.
No recordamos muy bien lo que nos dijo. Pero se quedó con toda la “documentación” que llevábamos para supuestamente “estudiarla”.
Tampoco recordamos que a duras penas contuviera la risa.
Pero algo debió decirnos, de alguna manera nos dirigió por el camino de la desesperanza, en algún momento nos puso sobre ese sendero sin retorno que tanto conocen los adultos, que es el sendero de los sueños rotos…
Por segunda vez, el fracaso. Por segunda vez, el mundo tuvo que renunciar a tres personas que tenían muy claro que su vocación era la de ser FUNDADORAS.

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FALDON DE CRISTIANAR

FALDON DE CRISTIANAR
Con este faldón se bautizaron nuestro padre y nuestro abuelo.