Recuerdo cómo me miró mi hermana. Con casi odio. Pero ¿qué culpa tenía yo de que al fin la hubieran “pescado”? Yo ya cabeza arriba, ella cabeza abajo y llorando. Todo igual. ¿Es que no habrá una manera más dulce de recibirnos? ¡Otra niña! ¡Qué maravilla!. Y al lado un niño que nos miraba con cara de pocos amigos. (ése debe ser nuestro hermano, pensaba). Nada bueno anunciaba su mirada. Tendríamos que prepararnos para lo peor, así que, oye, hermanita, aquí a dar la menos lata posible. Todos están muy contentos, sí, pero para mí que también muy asustados. Mi hermana enseguida se dio cuenta de que tenía razón, y que esto de vivir iba a ser bastante complicado.
Aquí hago un alto para reconocer que mi madre tenía un gran sentido del deber. Muy grande. No como la madre de Gila, que permitió que naciese solo y encima le riñó cuando el pobre le abrió la puerta y le anunció “mamá, he nacido”. Ni hablar. Ella estaba allí y bien que se ocupó de que no naciese sola, como acabo de relatar. Nos había llevado dentro hasta Carballo, un pueblo de Galicia, para que pudiésemos ser españolas-gallegas, y no portuguesas, como hubiera correspondido. No, mi padre no era portugués, pero por razones de supervivencia económica se había visto obligado a trasladarse al “extranjero”.
Esta historia de nuestro nacimiento podríamos decir que tuvo sus comienzos en una iglesia. Mi padre siempre había sido muy religioso, o por lo menos iba a misa con su madre, no se sabe si con mucha convicción. Pero un suceso marcó para siempre su vida. Fue una mañana, cuando más concentrado estaba en misa en la Iglesia de los Salesianos, (siguiendo el vuelo de una mosca, como solía pasar). De repente vio la luz. Una luz que le cegó y le llegó hasta lo más profundo de su corazón. Una luz que le hizo entrar como en un trance: la luz que desprendían los rubios tirabuzones de mi madre. Contaban los dos trece años. Desde entonces, no pasaba un domingo sin ir a la iglesia, así lloviese, hiciese sol, o estuviera enfermo. Desde ahí hasta nuestro nacimiento, muchísimas cosas pasaron, pero yo voy a seguir relatando lo que ha sido mi vida.
sábado, 16 de febrero de 2008
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FALDON DE CRISTIANAR
Con este faldón se bautizaron nuestro padre y nuestro abuelo.
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