Volviendo a la escena de la habitación en la que se encuentra mi madre, un poquitín más recuperada y con nosotras dos en su cama. Yo mirando como mi hermana miraba hacia los pechos que se suponía iban a alimentarnos. Yo no las tenía todas conmigo. ¿Me tocaría la primera o la segunda? ¿tendríamos suficiente? Empezábamos a impacientarnos. Otra vez la desventaja de ser dos y no una.
Mi madre, además, tenía otras angustias. Mi padre no estaba con ella. Estaba en Oporto trabajando en la fábrica de su tío, hermano de mi abuelo, que era muy rico. Estar rodeado de familiares ricos, cuando tú eres casi tan pobre como una rata, tiene muchísimas ventajas. La principal, es lo rápido que te das cuenta de cuán egoísta te vuelve el dinero. Egoísta y tacaño. Tanto, que mi tío no consideró lo suficientemente importante para que mi padre dejase su trabajo unos días, el haber sido doblemente padre. Así que tardaríamos en conocerle. Y él a nosotros, así que mi madre al día siguiente de nacer nosotras, ya le estaba escribiendo la carta en la que relataba el gran acontecimiento, con pelos y detalles, carta que al recibirla mi padre, la absorbía con lágrimas de emoción e impotencia. Le tranquilizaba que con ella se encontraba nuestra abuela, Manuela Esperanza Flora, y nuestra tía Mariángeles.
domingo, 17 de febrero de 2008
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FALDON DE CRISTIANAR
Con este faldón se bautizaron nuestro padre y nuestro abuelo.
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