miércoles, 7 de abril de 2010

FUNDADORAS


FUNDADORAS

Estábamos paseando una tarde y nos detuvimos a ver un grupo de niñas jugando. Jugando con niños. Tenían como unos doce años y después de un rato, nos miramos y dijimos: Nosotras no jugábamos así ¿verdad?. Bueno, jugábamos como de otra manera. Era otra época, era otra educación.

Y se nos vino el recuerdo de aquellas ocurrencias, de aquél día en el que en el recreo del Cole, hablando con nuestra amiga Pizca, tomamos la decisión de ser fundadoras. Fundadoras de la Orden de las Inesianas.

¿Y por qué precisamente Inesianas?

La idea empezó porque nosotras, las gemelas, un buen día sentimos que nos dolían un poco los pechos (algo absolutamente normal, teniendo la edad pre-adolescente que teníamos). Pero al decírselo a mamá, nos recomendó que rezáramos a Santa Inés, Patrona de las enfermedades de los pechos. Y nos explicó que la Santa, cuando tenía trece años, prefirió que le cortasen los pechos antes de que la mancillaran.

Empezamos a rezar a la Santa. Tanto rezamos que nadie nos quita de la cabeza que frenamos el normal desarrollo de nuestros senos, así que nunca fue una parte de nuestro cuerpo excesivamente provocadora. Y evitamos muchas, seguro, ocasiones de pecar, evitando también las lascivas miradas de jóvenes muchachos. (¡Vaya faena, dicho sea de paso!).

Fue así como Sta. Inés entró de lleno en nuestras vidas.

¿Cómo es posible que nos dejáramos entusiasmar por algo así, siendo aún tan niñas?

Podemos encontrar la explicación, por ejemplo, en que llevábamos un largo camino andado de Meditaciones, Misa y Comunión diaria, confesiones, bendiciones Urbi et Orbi, misas de Gallo, Vía Crucis, Sabatinas, Silenciosos y recogidos ejercicios espirituales, rosarios, letanías, Primeros Viernes de mes, Meditaciones, Ofrecimiento de Obras en cada principio de clase, acompañando la señal de la cruz (santiguándonos), mes de las flores, con flores a María, Rosarios de la Aurora, medallas del Jardín de Infancia, Aspirantes, Congregantes, directores espirituales… etc…etc… todo terreno abonado para que a los doce años unas niñas sueñen con ser Fundadores. (Sin contar con que nos hubiera encantado morirnos justo en el momento de hacer la Primera Comunión, vestiditas de blanco, con toda la inocencia intacta. “Directas al Cielo”, nos decían).

Entusiasmadas, quisimos hacer partícipe a nuestra amiga del alma, Pizca, de nuestro enamoramiento y enseguida nos siguió, disponiéndose a pedir a los Reyes el libro titulado “Inés y los Lobos” para así estudiar más su vida y tal vez posibles milagros.

De su lectura surgió la idea, tal vez la vocación o llamada que con dedo invisible (así son los designios del Señor) nos señalaba el camino a seguir:

¡Vamos a ser las fundadoras de la Orden de Santa Inés, y nos vamos a llamar desde ahora Inesianas!.

Así se lo hicimos saber a nuestra madre (que sonrió con esa sonrisa de las madres que saben que sus hijas van por el buen camino, pero que se están pasando un “pelín”)

Y así se lo hizo saber Pizca a la suya y a sus hermanos, que se entusiasmaron con la idea de tener una hermana e hija que sería FUNDADORA, riéndose y abrazándola.

En seguida pusimos en marcha todo el mecanismo que conllevaba la Fundación.

Confeccionamos unas cintas de raso (blanco, color de pureza) en forma vertical que con grandes letras en las que se leía de arriba abajo: “Inesiana” y la fecha de la Fundación (21-1-62), que llevábamos prendida con un imperdible en el uniforme, a la altura del corazón. Porque ahí, sobre el corazón, nos libraría de todo mal (una especie del “Detente” de la guerra.

Pizca y nosotras seríamos, por supuesto, las Fundadores, pero contemplábamos la posibilidad, y la necesidad así como que era lo deseable, de tener aspirante que tras un período de prueba, pasarían a ser Inesianas.

Pues bien, había llegado el momento de invertir dinero. Porque qué menos que hacer unas medallas de la Santa para llevar colgadas del cuello. Pizca fue la encargada de decir a su madre que necesitábamos para empezar un mínimo de veinticinco medallas de plata. Y ni corta ni perezosa, allá que se fue a una joyería a encargarlas.

Pero ¿a quién se le ocurre hacer caso de una niña de doce años, y sin contar con la aprobación de las demás madres (no de la niñas, que ya la tenían, para eso habían sido “elegidas” como fundadoras) encargar veinticinco medallas de plata, a veinticinco pesetas cada una, un auténtico dineral para la época?.

Llegó el momento y nos dijo Pizca: ¡Ya tenemos medallas!.

Empezamos a saltar de alegría y decidimos que teníamos que unir nuestras sangres. Pinchamos con una aguja el dedo índice y unimos las rojas gotitas de cada una. Hermanas de sangre, además de Fundadoras…

“Veinticinco pesetas”, nos dijo. ¿Las dos?. No, cada una. Empezamos a ver la cosa muy, pero que muy negra. No sabíamos ni cómo decírselo a nuestra madre. Nos armamos de valor. Se lo dijimos. ¡No, No, y No! Fue su contestación. Y empezó a despotricar contra la actitud de una persona adulta que se toma en serio una “tontería, una ocurrencia de niñas”.

No sabemos exactamente cuándo abortó la Fundación. Creemos que a partir de ahí.

Papelón el nuestro al decírselo a nuestra madre. Pero ¿y el de Pizca?.

Empezaron los enfados y las discusiones. ¿Y qué hago yo con las veinticinco medallas? ¿Cómo se lo digo a mi madre? . Y ¿Qué quieres que hagamos? No tenemos dinero…..

Ay! El dinero. Qué pronto se aprende que poco se consigue sin él.

Pasaron muchos, muchos años, más de cuarenta, y un buen día nos encontramos con Pizca y su madre. Fue un encuentro muy bonito.

Pero en un momento, nos sorprendió la Madre recordándonos con mucho enfado, el temita de las medallas de Santa Inés. Nunca lo había olvidado.

Le dijimos: ¡Te las compramos todas! ¡Nos encantaría verlas!

No nos hemos vuelto a ver. Tal vez algún día….

Corcubión-Laguna de Duero, Abril 2010.



viernes, 11 de julio de 2008

INICIANDO EL VUELO


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HASTA QUE DEJE DE VOLAR, NO PUEDO ESCRIBIR. LO SIENTO. PACIENCIA, QUE PRONTO INICIAREMOS LA MARCHA HACIA PORTUGAL LOS TRES, Y DEJAREMOS PARA SIEMPRE CARBALLO.


¿Que dónde está Mariángeles? No quiso acompañarme en el vuelo. Prefiere su cunita. Es más segura.















miércoles, 18 de junio de 2008




Nuestro hermano intentando convencernos de que nos vayamos a otro lado. Nosotros estudiando lo que nos conviene más.











domingo, 15 de junio de 2008

PADRE, HE AQUI A TUS HIJAS. HIJAS, HE AQUI A VUESTRO PADRE

Nos dábamos cuenta de que cada día la cunita que compartíamos era más pequeña. Nos dábamos cuenta y lo sufríamos. No es lo mismo compartirla cuando acabas de nacer que cuando tienes cinco o seis meses ¡dónde va a parar!. Volvíamos a molestarnos cada vez más, aquello ya parecían los tiempos de vida en el seno materno, cuando estábamos a punto de nacer. Lo malo es que no parecía tener mucho arreglo. Nosotros crecíamos, crecíamos, pero el espacio no. Yo miraba a mi hermana y cada vez parecía más grande, tenía más mofletes, y se enteraba de muchas cosas, como yo. Así que yo pensaba para mí: pues seguramente yo también estoy creciendo. Seguramente, me parezco a ella. Y ella me miraba, se reía y parecía estar de acuerdo con todo lo que yo pensaba. Ya todos los que se acercaban a nosotros para cuidarnos, nos sonaban. Sobre todo mamá, a la que ya intentábamos nombrar, consiguiendo sacar cada vez sonidos nuevos de la boquita.

Aquel día lejano, nos pusimos nerviosas. Intuíamos que pasaba algo fuera de lo normal. Todo el mundo estaba ajetreado y mamá, sobre todo mamá, estaba muy contenta y no hacía más que cantar. Y es que por fin vino papá a conocernos. ¡Si, era cierto, era verdad, teníamos papá! Buffff, menos mal, qué alivio.... Es que no eran tiempos de crecer sin papá, como ya dije. Ya no sólo por lo económico, es que de aquellas estaba muy mal visto que la mujer trabajase fuera de casa. Mi padre era lo suficientemente hombre, decía, para mantener a todo la familia con su trabajo, y no permitir que lo hiciese mamá. Por eso tardó tanto en venir a vernos, porque tenía que trabajar en el “extranjero” (Portugal) y no le daban permiso para conocernos.

La suerte de que tardase tanto, es que la cara de sorpresa y preocupación que se le había quedado al enterarse de que era doblemente padre, ya se le había ido transformando cuando lo conocimos, y tenía una sonrisa de satisfacción y orgullo que no podía con ella.

Muchas fueron las risas que nos arrancaron entre papá y mamá. ¿No ves que guapas son? Pero ¿cómo me las tienes tan hermosas? Y otras cosas que no entendíamos, pero sentíamos que todos éramos felices.




viernes, 6 de junio de 2008

¿Y PAPÁ DÓNDE ESTÁ?

Aquello de vivir parecía ya controlado. Mi hermana y yo seguíamos compartiendo la misma cuna, los mismos abrazos, la misma familia y las mismas visitas. Todo alrededor parecía sonreir. Las mujeres se habían puesto como locas a darle a la aguja, para hacernos faldones, para hacernos pañales, (algunos hasta con vainica) y todo lo que necesitásemos para estar guapas. No sólo de leche vive el hombre (en este caso las niñas). Nos seguíamos dando patadas y codazos, eso sí, y seguíamos aguantando que de vez en cuando se asomase la cabeza de eso que llamaban hermano, y nos echase la lengua, nos mirase mal, o intentase meternos el dedo en el ojo. Grande era nuestra satisfacción cuando alguien se lo llevaba, dándole algún que otro coscorrón, y hablándole en un tono que parecía que no era muy amigable.

De vez en cuando, entre nuestra abuela y nuestra tía, nos pesaban. Para hacerlo, utilizaban una sábana. La sujetaban por las esquinas y a nosotros nos ponían en el medio. Así controlaban sin engordábamos o no. No sé muy bien cómo se las arreglaban para hacerlo. ¿Tendrían una romana, y nos colgarían a las dos, apuntarían el peso, y después pesarían sólo a una, anotando la diferencia y adjudicándonos unos ciertos kilos a cada una?

Sin embargo, había algo que a mí me daba vueltas en la cabeza: ¿tendríamos o no padre? No se le veía por ninguna parte. Además, ni siquiera sabíamos qué era eso. Lo oíamos nombrar de vez en cuando, y nada más. Un día se lo pregunté a mi hermana. Ella no lo había pensado y enseguida se preocupó. Lo comentábamos entre las dos, porque no eran tiempos aquellos de nacer sin padre, encima siendo gemelas y teniendo un hermano que nos llevaba dieciséis meses. Cuando se acercaba alguien, le preguntábamos ¿pero tenemos o no tenemos padre? Naturalmente, ellos solo escuchaban “tata gugu gugu tata”, y se reían y comentaban que parecía que queríamos hablar. Entonces nos mirábamos, y sintiéndonos hondamente incomprendidas, nos echábamos a llorar. Y se reían y decían “mira, mira que graciosas, que pucheritos hacen”.

Pensábamos entonces que habíamos llegado a un mundo en que es muy difícil entenderse y comprenderse. Y cansadas, nos dormíamos.

¡qué bonitiñas! ¡qué tranquilitas duermen! Decían.



lunes, 2 de junio de 2008

ME ENCONTRE UN TELEGRAMA

ME ENCONTRE UN TELEGRAMA
Hoy encontré un telegrama sellado el 29 de agosto de 1949 que dicePorto Carballo:“NUESTROS PRIMEROS BESOS DE CRISTIANITAS PARA PAPAITO – MERCEDES ROSA Y JOSEFINA MARIANGELES.”Y pensé: ¡Pobre papá! Ya llevábamos un mes en este mundo y él sin poder conocernos. Supongo que la prisa por bautizarnos era para que no tuviéramos que ir al “limbo”. Es que antes existía el limbo, un sitio a donde iban los niños que morían sin bautizar, y en el que no se conocía ni la felicidad tan grande del cielo, ni los tormentos del infierno. Un sitio un poco “descafeinado” . Supongo que por eso “dejó de existir”. Tal vez se compadecieron de los niños que estaban allí aburriditos y los llevaron a otro sitio mejor.Del telegrama encontrado se deduce que, al mes de nacer, ya estábamos listas para ir al Cielo si es que nos moríamos. ¡Qué oportunidad tan desperdiciada! Porque, al día de hoy, seguimos en este mundo y quién sabe a dónde nos llevarán... si alguien decide que nos larguemos, que ya es nuestra hora. Porque si van a pedirme permiso, o a pedirnos permiso, mucho me temo que vamos a decir que no.

miércoles, 14 de mayo de 2008

EN EL HOTEL DE NUESTRA ABUELA

Ahí es donde nos tocó pasar los SEIS primeros meses de nuestra vida. En el pequeño hotel que mi abuela tenía en Carballo. Eso hacía que, si todos los niños recién nacidos tienen visitas, pues nosotros más, no sólo por ser gemelas, algo mucho más extraordinario que ahora, sino por la movida que había de gente. Y allí nosotras, estoicas, y diciéndonos una a la otra “no, si por si no fuera poco lo que acabamos de pasar, que tengamos que compartir cuna y seguir dándonos codazos y rodillazos aunque no queramos, pues ¡ala! Aquí a aguantar risitas y que nos hablen con ese tonito... un poco, vale, pero tanto cansa. Es que basta que estemos a punto de dormirnos y zas, la señora que nos toca la naricita. Que lloramos porque tenemos hambre, a una siempre le toca esperar a que termine la otra. Menos mal que llegamos a ese pacto de no molestar porque sino... A mí se me hace eterno cuando tú ya terminaste y te están cambiando el pañal.... No puedo menos que pensar que si me quedará algo para mí... Por mucho que día tras día sepa que me quedo tan harta o más que si no tuviera hermana. Y pues anda que cuando te haces pis.... o lo otro..... Toda la ropa de la cuna se moja, movida general, levanta tú a esa que yo levanto a la otra, y así nos cambian toda la cama, toda, de arriba abajo.... aún van a pasar muchos años hasta que llegue primero el plástico y después los maravillosos dodotis de ahora. Si es que hoy no saben ni lo que es tener el culito mojado.

FALDON DE CRISTIANAR

FALDON DE CRISTIANAR
Con este faldón se bautizaron nuestro padre y nuestro abuelo.