
miércoles, 18 de junio de 2008
domingo, 15 de junio de 2008
PADRE, HE AQUI A TUS HIJAS. HIJAS, HE AQUI A VUESTRO PADRE
Nos dábamos cuenta de que cada día la cunita que compartíamos era más pequeña. Nos dábamos cuenta y lo sufríamos. No es lo mismo compartirla cuando acabas de nacer que cuando tienes cinco o seis meses ¡dónde va a parar!. Volvíamos a molestarnos cada vez más, aquello ya parecían los tiempos de vida en el seno materno, cuando estábamos a punto de nacer. Lo malo es que no parecía tener mucho arreglo. Nosotros crecíamos, crecíamos, pero el espacio no. Yo miraba a mi hermana y cada vez parecía más grande, tenía más mofletes, y se enteraba de muchas cosas, como yo. Así que yo pensaba para mí: pues seguramente yo también estoy creciendo. Seguramente, me parezco a ella. Y ella me miraba, se reía y parecía estar de acuerdo con todo lo que yo pensaba. Ya todos los que se acercaban a nosotros para cuidarnos, nos sonaban. Sobre todo mamá, a la que ya intentábamos nombrar, consiguiendo sacar cada vez sonidos nuevos de la boquita.
Aquel día lejano, nos pusimos nerviosas. Intuíamos que pasaba algo fuera de lo normal. Todo el mundo estaba ajetreado y mamá, sobre todo mamá, estaba muy contenta y no hacía más que cantar. Y es que por fin vino papá a conocernos. ¡Si, era cierto, era verdad, teníamos papá! Buffff, menos mal, qué alivio.... Es que no eran tiempos de crecer sin papá, como ya dije. Ya no sólo por lo económico, es que de aquellas estaba muy mal visto que la mujer trabajase fuera de casa. Mi padre era lo suficientemente hombre, decía, para mantener a todo la familia con su trabajo, y no permitir que lo hiciese mamá. Por eso tardó tanto en venir a vernos, porque tenía que trabajar en el “extranjero” (Portugal) y no le daban permiso para conocernos.
La suerte de que tardase tanto, es que la cara de sorpresa y preocupación que se le había quedado al enterarse de que era doblemente padre, ya se le había ido transformando cuando lo conocimos, y tenía una sonrisa de satisfacción y orgullo que no podía con ella.
Muchas fueron las risas que nos arrancaron entre papá y mamá. ¿No ves que guapas son? Pero ¿cómo me las tienes tan hermosas? Y otras cosas que no entendíamos, pero sentíamos que todos éramos felices.
Aquel día lejano, nos pusimos nerviosas. Intuíamos que pasaba algo fuera de lo normal. Todo el mundo estaba ajetreado y mamá, sobre todo mamá, estaba muy contenta y no hacía más que cantar. Y es que por fin vino papá a conocernos. ¡Si, era cierto, era verdad, teníamos papá! Buffff, menos mal, qué alivio.... Es que no eran tiempos de crecer sin papá, como ya dije. Ya no sólo por lo económico, es que de aquellas estaba muy mal visto que la mujer trabajase fuera de casa. Mi padre era lo suficientemente hombre, decía, para mantener a todo la familia con su trabajo, y no permitir que lo hiciese mamá. Por eso tardó tanto en venir a vernos, porque tenía que trabajar en el “extranjero” (Portugal) y no le daban permiso para conocernos.
La suerte de que tardase tanto, es que la cara de sorpresa y preocupación que se le había quedado al enterarse de que era doblemente padre, ya se le había ido transformando cuando lo conocimos, y tenía una sonrisa de satisfacción y orgullo que no podía con ella.
Muchas fueron las risas que nos arrancaron entre papá y mamá. ¿No ves que guapas son? Pero ¿cómo me las tienes tan hermosas? Y otras cosas que no entendíamos, pero sentíamos que todos éramos felices.
viernes, 6 de junio de 2008
¿Y PAPÁ DÓNDE ESTÁ?
Aquello de vivir parecía ya controlado. Mi hermana y yo seguíamos compartiendo la misma cuna, los mismos abrazos, la misma familia y las mismas visitas. Todo alrededor parecía sonreir. Las mujeres se habían puesto como locas a darle a la aguja, para hacernos faldones, para hacernos pañales, (algunos hasta con vainica) y todo lo que necesitásemos para estar guapas. No sólo de leche vive el hombre (en este caso las niñas). Nos seguíamos dando patadas y codazos, eso sí, y seguíamos aguantando que de vez en cuando se asomase la cabeza de eso que llamaban hermano, y nos echase la lengua, nos mirase mal, o intentase meternos el dedo en el ojo. Grande era nuestra satisfacción cuando alguien se lo llevaba, dándole algún que otro coscorrón, y hablándole en un tono que parecía que no era muy amigable.
De vez en cuando, entre nuestra abuela y nuestra tía, nos pesaban. Para hacerlo, utilizaban una sábana. La sujetaban por las esquinas y a nosotros nos ponían en el medio. Así controlaban sin engordábamos o no. No sé muy bien cómo se las arreglaban para hacerlo. ¿Tendrían una romana, y nos colgarían a las dos, apuntarían el peso, y después pesarían sólo a una, anotando la diferencia y adjudicándonos unos ciertos kilos a cada una?
Sin embargo, había algo que a mí me daba vueltas en la cabeza: ¿tendríamos o no padre? No se le veía por ninguna parte. Además, ni siquiera sabíamos qué era eso. Lo oíamos nombrar de vez en cuando, y nada más. Un día se lo pregunté a mi hermana. Ella no lo había pensado y enseguida se preocupó. Lo comentábamos entre las dos, porque no eran tiempos aquellos de nacer sin padre, encima siendo gemelas y teniendo un hermano que nos llevaba dieciséis meses. Cuando se acercaba alguien, le preguntábamos ¿pero tenemos o no tenemos padre? Naturalmente, ellos solo escuchaban “tata gugu gugu tata”, y se reían y comentaban que parecía que queríamos hablar. Entonces nos mirábamos, y sintiéndonos hondamente incomprendidas, nos echábamos a llorar. Y se reían y decían “mira, mira que graciosas, que pucheritos hacen”.
Pensábamos entonces que habíamos llegado a un mundo en que es muy difícil entenderse y comprenderse. Y cansadas, nos dormíamos.
¡qué bonitiñas! ¡qué tranquilitas duermen! Decían.
De vez en cuando, entre nuestra abuela y nuestra tía, nos pesaban. Para hacerlo, utilizaban una sábana. La sujetaban por las esquinas y a nosotros nos ponían en el medio. Así controlaban sin engordábamos o no. No sé muy bien cómo se las arreglaban para hacerlo. ¿Tendrían una romana, y nos colgarían a las dos, apuntarían el peso, y después pesarían sólo a una, anotando la diferencia y adjudicándonos unos ciertos kilos a cada una?
Sin embargo, había algo que a mí me daba vueltas en la cabeza: ¿tendríamos o no padre? No se le veía por ninguna parte. Además, ni siquiera sabíamos qué era eso. Lo oíamos nombrar de vez en cuando, y nada más. Un día se lo pregunté a mi hermana. Ella no lo había pensado y enseguida se preocupó. Lo comentábamos entre las dos, porque no eran tiempos aquellos de nacer sin padre, encima siendo gemelas y teniendo un hermano que nos llevaba dieciséis meses. Cuando se acercaba alguien, le preguntábamos ¿pero tenemos o no tenemos padre? Naturalmente, ellos solo escuchaban “tata gugu gugu tata”, y se reían y comentaban que parecía que queríamos hablar. Entonces nos mirábamos, y sintiéndonos hondamente incomprendidas, nos echábamos a llorar. Y se reían y decían “mira, mira que graciosas, que pucheritos hacen”.
Pensábamos entonces que habíamos llegado a un mundo en que es muy difícil entenderse y comprenderse. Y cansadas, nos dormíamos.
¡qué bonitiñas! ¡qué tranquilitas duermen! Decían.
lunes, 2 de junio de 2008
ME ENCONTRE UN TELEGRAMA
ME ENCONTRE UN TELEGRAMA
Hoy encontré un telegrama sellado el 29 de agosto de 1949 que dicePorto Carballo:“NUESTROS PRIMEROS BESOS DE CRISTIANITAS PARA PAPAITO – MERCEDES ROSA Y JOSEFINA MARIANGELES.”Y pensé: ¡Pobre papá! Ya llevábamos un mes en este mundo y él sin poder conocernos. Supongo que la prisa por bautizarnos era para que no tuviéramos que ir al “limbo”. Es que antes existía el limbo, un sitio a donde iban los niños que morían sin bautizar, y en el que no se conocía ni la felicidad tan grande del cielo, ni los tormentos del infierno. Un sitio un poco “descafeinado” . Supongo que por eso “dejó de existir”. Tal vez se compadecieron de los niños que estaban allí aburriditos y los llevaron a otro sitio mejor.Del telegrama encontrado se deduce que, al mes de nacer, ya estábamos listas para ir al Cielo si es que nos moríamos. ¡Qué oportunidad tan desperdiciada! Porque, al día de hoy, seguimos en este mundo y quién sabe a dónde nos llevarán... si alguien decide que nos larguemos, que ya es nuestra hora. Porque si van a pedirme permiso, o a pedirnos permiso, mucho me temo que vamos a decir que no.
Hoy encontré un telegrama sellado el 29 de agosto de 1949 que dicePorto Carballo:“NUESTROS PRIMEROS BESOS DE CRISTIANITAS PARA PAPAITO – MERCEDES ROSA Y JOSEFINA MARIANGELES.”Y pensé: ¡Pobre papá! Ya llevábamos un mes en este mundo y él sin poder conocernos. Supongo que la prisa por bautizarnos era para que no tuviéramos que ir al “limbo”. Es que antes existía el limbo, un sitio a donde iban los niños que morían sin bautizar, y en el que no se conocía ni la felicidad tan grande del cielo, ni los tormentos del infierno. Un sitio un poco “descafeinado” . Supongo que por eso “dejó de existir”. Tal vez se compadecieron de los niños que estaban allí aburriditos y los llevaron a otro sitio mejor.Del telegrama encontrado se deduce que, al mes de nacer, ya estábamos listas para ir al Cielo si es que nos moríamos. ¡Qué oportunidad tan desperdiciada! Porque, al día de hoy, seguimos en este mundo y quién sabe a dónde nos llevarán... si alguien decide que nos larguemos, que ya es nuestra hora. Porque si van a pedirme permiso, o a pedirnos permiso, mucho me temo que vamos a decir que no.
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FALDON DE CRISTIANAR
Con este faldón se bautizaron nuestro padre y nuestro abuelo.