Una vez superado el susto inicial, una vez puesto en conocimiento de nuestro padre que tenía tres hijos, una vez encargado una especie de coche-silla doble (ignoro cómo se arregló lo de la cunita-cunitas).... Lo del coche-silla fue problemático. Encontrar quién lo hiciera, cuando se nos ocurrió nacer en un pueblo aún pequeño... Hoy día es bien fácil: Te vas a unos grandes almacenes.... o pequeños..... y siempre se contempla la posibilidad de gemelos, posibilidad que con el tiempo se ha ido multiplicando, sobre todo desde los tratamientos de fertilidad.
Otra vez recalco que lo de mi madre fue para nota... Sin ayuda de nadie y ya en los albores de la clonación....
Una vez superados todos los obstáculos sobrevenidos, se planteó el bautizo. Antes de que naciéramos, mi madre desempolvó el faldón de mi padre, que ya había sido de su padre, y lo lavó, lo planchó, le dio una pizca de “almidón” (para que estuviera “gracioso” y no hiciera daño al bebé.....
No pudo ser.
No se pudo usar el precioso faldón que se ve en la foto, por razones obvias. O nos metían a las dos, y asomarían tal vez sólo dos brazos, pero inevitablemente, dos cabezas, y eso estaría mal visto o mal interpretado, o lo partían en dos, (decisión Salomónica) ya que grande y largo era un montón, o lo deshacían y confeccionaban dos en poco tiempo. Todas estas supuestas soluciones fueron descartándose, porque era una joya de la familia. Así que se tejieron dos iguales, como no podía ser de otra manera, y cada una con nuestro faldón, fuimos bautizadas.
Durante el bautizo, sucedió algo, cuando menos, mosqueante para mí.
Mi hermana la gemela dice que mamá le contó que mientras la bautizaban, una amiga que tenía tocaba en el violín “La leyenda del Beso”. Y como yo no recuerdo que a mi me lo haya dicho, y Mariángeles insiste en que dijo “mientras la bautizaban a ella”, pues
di en pensar que por qué a mí no me tocaron ninguna música mientras despiadadamente mojaban mi pelada cabeza. ¡Qué estaba muy fría el agua, caramba!
¿Sería que sólo sabía tocar una pieza?
¿Se desconcertó con los llantos, y no quiso tocar más?
¿Habían llegado a un acuerdo de tocar sólo para ella?
El caso es que cuando llegó mi turno, nadie tocó el violín.
Por tanto, yo, cabreada, lloré. Y con mucha razón.
Me pareció ver una sonrisa en los labios de mi hermana, según me miraba..... como diciendo ¡chincha!
Pero no creo.
martes, 26 de febrero de 2008
lunes, 25 de febrero de 2008
GEMELAS, INFIERNO O PARAÍSO.
Os aseguro que a mí no me preguntaron si quería nacer. Y no sólo no me preguntaron si quería nacer, sino que además no me preguntaron si quería compañía en ese momento. Ya se que a nadie le preguntan si quiere nacer..... pero ¿por qué a mí, de propina, me pusieron una hermana?.
Si me lo hubieran preguntado....
¿qué hubiese contestado?....
La mayoría de la gente dice que no le hubiera gustado tener una hermana gemela. Eso de mirarse en el espejo y encontrar que alguien es casi igual que tú....
Y la gente que te conoce, sobre todo cuando eres niña, como no te distingue, corta por lo sano y te llama gemela. Indistintamente. Si soy yo, gemela. Si es mi hermana, gemela. Las gemelas hacen esto, las gemelas lo otro, las gemelas son así, son andando.....
Casi un misterio de la santísima dualidad.
Recuerdo que cuando empecé a trabajar, casi me late de emoción el corazón la primera vez que me llamaron por mi nombre, en lugar de gemela....
Cuando venían a verme mis sobrinas de pequeñas, si yo decía algo, y coincidía con que mi hermana lo decía exactamente igual (a pesar de que llevamos treinta y cinco años viviendo a quinientos kilómetros de distancia), se lamentaban, hacían como si lloraran y clamaban al cielo diciendo ¡yo que quería descansar de mi madre, y NO DESCANSO....!!!!.
Este fin de semana tuve la visita de la hija de mi gemela. Venía con el novio, a descansar del estrés de una oposición. Yo dije ayer al novio de mi sobrina: ¡Cómo voy a odiar a mi excuñado, si gracias a él tengo las sobrinas que tengo....!
Quedóse con la boca abierta y dijo que mi hermana, cambiando excuñado por exmarido, y sobrinas por hijas, lo decía exactamente igual....
Bueno, exactamente igual.... ella con acento gallego, y yo ya con un casi acento castellano.
Si me lo hubieran preguntado....
¿qué hubiese contestado?....
La mayoría de la gente dice que no le hubiera gustado tener una hermana gemela. Eso de mirarse en el espejo y encontrar que alguien es casi igual que tú....
Y la gente que te conoce, sobre todo cuando eres niña, como no te distingue, corta por lo sano y te llama gemela. Indistintamente. Si soy yo, gemela. Si es mi hermana, gemela. Las gemelas hacen esto, las gemelas lo otro, las gemelas son así, son andando.....
Casi un misterio de la santísima dualidad.
Recuerdo que cuando empecé a trabajar, casi me late de emoción el corazón la primera vez que me llamaron por mi nombre, en lugar de gemela....
Cuando venían a verme mis sobrinas de pequeñas, si yo decía algo, y coincidía con que mi hermana lo decía exactamente igual (a pesar de que llevamos treinta y cinco años viviendo a quinientos kilómetros de distancia), se lamentaban, hacían como si lloraran y clamaban al cielo diciendo ¡yo que quería descansar de mi madre, y NO DESCANSO....!!!!.
Este fin de semana tuve la visita de la hija de mi gemela. Venía con el novio, a descansar del estrés de una oposición. Yo dije ayer al novio de mi sobrina: ¡Cómo voy a odiar a mi excuñado, si gracias a él tengo las sobrinas que tengo....!
Quedóse con la boca abierta y dijo que mi hermana, cambiando excuñado por exmarido, y sobrinas por hijas, lo decía exactamente igual....
Bueno, exactamente igual.... ella con acento gallego, y yo ya con un casi acento castellano.
domingo, 17 de febrero de 2008
NACER SIN PAPA
Volviendo a la escena de la habitación en la que se encuentra mi madre, un poquitín más recuperada y con nosotras dos en su cama. Yo mirando como mi hermana miraba hacia los pechos que se suponía iban a alimentarnos. Yo no las tenía todas conmigo. ¿Me tocaría la primera o la segunda? ¿tendríamos suficiente? Empezábamos a impacientarnos. Otra vez la desventaja de ser dos y no una.
Mi madre, además, tenía otras angustias. Mi padre no estaba con ella. Estaba en Oporto trabajando en la fábrica de su tío, hermano de mi abuelo, que era muy rico. Estar rodeado de familiares ricos, cuando tú eres casi tan pobre como una rata, tiene muchísimas ventajas. La principal, es lo rápido que te das cuenta de cuán egoísta te vuelve el dinero. Egoísta y tacaño. Tanto, que mi tío no consideró lo suficientemente importante para que mi padre dejase su trabajo unos días, el haber sido doblemente padre. Así que tardaríamos en conocerle. Y él a nosotros, así que mi madre al día siguiente de nacer nosotras, ya le estaba escribiendo la carta en la que relataba el gran acontecimiento, con pelos y detalles, carta que al recibirla mi padre, la absorbía con lágrimas de emoción e impotencia. Le tranquilizaba que con ella se encontraba nuestra abuela, Manuela Esperanza Flora, y nuestra tía Mariángeles.
Mi madre, además, tenía otras angustias. Mi padre no estaba con ella. Estaba en Oporto trabajando en la fábrica de su tío, hermano de mi abuelo, que era muy rico. Estar rodeado de familiares ricos, cuando tú eres casi tan pobre como una rata, tiene muchísimas ventajas. La principal, es lo rápido que te das cuenta de cuán egoísta te vuelve el dinero. Egoísta y tacaño. Tanto, que mi tío no consideró lo suficientemente importante para que mi padre dejase su trabajo unos días, el haber sido doblemente padre. Así que tardaríamos en conocerle. Y él a nosotros, así que mi madre al día siguiente de nacer nosotras, ya le estaba escribiendo la carta en la que relataba el gran acontecimiento, con pelos y detalles, carta que al recibirla mi padre, la absorbía con lágrimas de emoción e impotencia. Le tranquilizaba que con ella se encontraba nuestra abuela, Manuela Esperanza Flora, y nuestra tía Mariángeles.
sábado, 16 de febrero de 2008
¡QUE MANERA DE MIRARME!
Recuerdo cómo me miró mi hermana. Con casi odio. Pero ¿qué culpa tenía yo de que al fin la hubieran “pescado”? Yo ya cabeza arriba, ella cabeza abajo y llorando. Todo igual. ¿Es que no habrá una manera más dulce de recibirnos? ¡Otra niña! ¡Qué maravilla!. Y al lado un niño que nos miraba con cara de pocos amigos. (ése debe ser nuestro hermano, pensaba). Nada bueno anunciaba su mirada. Tendríamos que prepararnos para lo peor, así que, oye, hermanita, aquí a dar la menos lata posible. Todos están muy contentos, sí, pero para mí que también muy asustados. Mi hermana enseguida se dio cuenta de que tenía razón, y que esto de vivir iba a ser bastante complicado.
Aquí hago un alto para reconocer que mi madre tenía un gran sentido del deber. Muy grande. No como la madre de Gila, que permitió que naciese solo y encima le riñó cuando el pobre le abrió la puerta y le anunció “mamá, he nacido”. Ni hablar. Ella estaba allí y bien que se ocupó de que no naciese sola, como acabo de relatar. Nos había llevado dentro hasta Carballo, un pueblo de Galicia, para que pudiésemos ser españolas-gallegas, y no portuguesas, como hubiera correspondido. No, mi padre no era portugués, pero por razones de supervivencia económica se había visto obligado a trasladarse al “extranjero”.
Esta historia de nuestro nacimiento podríamos decir que tuvo sus comienzos en una iglesia. Mi padre siempre había sido muy religioso, o por lo menos iba a misa con su madre, no se sabe si con mucha convicción. Pero un suceso marcó para siempre su vida. Fue una mañana, cuando más concentrado estaba en misa en la Iglesia de los Salesianos, (siguiendo el vuelo de una mosca, como solía pasar). De repente vio la luz. Una luz que le cegó y le llegó hasta lo más profundo de su corazón. Una luz que le hizo entrar como en un trance: la luz que desprendían los rubios tirabuzones de mi madre. Contaban los dos trece años. Desde entonces, no pasaba un domingo sin ir a la iglesia, así lloviese, hiciese sol, o estuviera enfermo. Desde ahí hasta nuestro nacimiento, muchísimas cosas pasaron, pero yo voy a seguir relatando lo que ha sido mi vida.
Aquí hago un alto para reconocer que mi madre tenía un gran sentido del deber. Muy grande. No como la madre de Gila, que permitió que naciese solo y encima le riñó cuando el pobre le abrió la puerta y le anunció “mamá, he nacido”. Ni hablar. Ella estaba allí y bien que se ocupó de que no naciese sola, como acabo de relatar. Nos había llevado dentro hasta Carballo, un pueblo de Galicia, para que pudiésemos ser españolas-gallegas, y no portuguesas, como hubiera correspondido. No, mi padre no era portugués, pero por razones de supervivencia económica se había visto obligado a trasladarse al “extranjero”.
Esta historia de nuestro nacimiento podríamos decir que tuvo sus comienzos en una iglesia. Mi padre siempre había sido muy religioso, o por lo menos iba a misa con su madre, no se sabe si con mucha convicción. Pero un suceso marcó para siempre su vida. Fue una mañana, cuando más concentrado estaba en misa en la Iglesia de los Salesianos, (siguiendo el vuelo de una mosca, como solía pasar). De repente vio la luz. Una luz que le cegó y le llegó hasta lo más profundo de su corazón. Una luz que le hizo entrar como en un trance: la luz que desprendían los rubios tirabuzones de mi madre. Contaban los dos trece años. Desde entonces, no pasaba un domingo sin ir a la iglesia, así lloviese, hiciese sol, o estuviera enfermo. Desde ahí hasta nuestro nacimiento, muchísimas cosas pasaron, pero yo voy a seguir relatando lo que ha sido mi vida.
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FALDON DE CRISTIANAR
Con este faldón se bautizaron nuestro padre y nuestro abuelo.