Fue una comida inolvidable. Era un día de agosto. Sucedía en Vigo, en el Vigo viejo, en Casa Gazpara (ya su nombre hablaba de, o sugería un posible regalo de reyes, lo mismo que si se llamara Baltazara o Melchora). Eran más o menos las quince horas del Diez de agosto. Allí estábamos Las gemelas, Sagar y Andrea, Carmela, Isabel y Mariano y Dyma. Diego y Luis se unirían “a los postres”. Y además, anunció Mariángeles, vendría un convidado sorpresa. Como era sorpresa, pues nadie preguntamos nada. Nos gusten o no las sorpresas, las sorpresas son así. Hay que esperar a que llegue el momento.
Un lujo fue tener a Isa “muñeca de trapo”, la afamada artista de la familia, que supo encontrar un hueco en sus giras y actuaciones para disfrutar de un momento tan entrañable y familiar.
Tampoco quería perderse, ¡cómo no! la espectacular “Vigo Pleamar” que soñada por su padre Xosé Guillermo, fue realizada por los artenautas de la Fundición Nautilus capitaneada por Sagar.
Plagada de las chorradas y risas, besos y cachondeos que acompañan siempre a estas “sobrinadas”, donde sobrinos son sobrinas y sobrinas sobrinos, y bocado tras bocado, se llegó el momento de presentar al convidado sorpresa:
Y fue a Dyma a la que le tocó la presentación: ella era la que conocía, por ser la más cercana, al convidado-sorpresa. Nos dijo “el convidado sorpresa está aquí”.
Yo mirando a un lado, y a otro, y o estaba muy escondido, o yo no veía a nadie.
¿Dónde? ¿Dónde? Le vuelvo a preguntar, encontrándome con su sonrisa y sus manos apoyadas en su vientre.
Me quedé sin palabras. Se me inundaron los ojos. Cataratas. No recuerdo como reaccionaron los demás, creo que en mi emoción perdí de vista el entorno. Mi sobrina me estaba anunciando que yo iba a ser Tía-Abuela.
Tendré que empezar a aprender a volar (me dije). Para cuando mi sobrino/a nieta me diga “Tía Vuela”.
Ese día, ¡qué casualidad, cosa de meigas! Le llevaba yo de regalo a Nour una preciosa cunita, de esas con dosel, para su casa de muñecas.
Hoy me manda su segunda ecografía. Parece que se ve algo. Y ese algo va a ser el próximo miembro de esta familia. Y no uno cualquiera, que va. El primer hijo de una comadrona y un argentino retornado pintor, bailarín, fotógrafo y lo que haga falta para tener a mi “niña” como una reina.
El otro hoy era ayer y hoy ya son más de dos las ecografías que le hicieron. Me dice que el 90% de posibilidades de que sea niña. (¿y el otro 10%....? ¿Qué será de una niña que sólo es al 90%?)
Me cuenta que el padre Diego, emocionado al ver en directo a su niña 90% dijo: ¡Sin duda es mía, ¡cómo baila! ¡Cómo se mueve! Y tiene hasta deditos en las manos…
¡Mira, si hasta se le ven las orejas!
No, no, no,….. dice su madre Dyma, angustiada porque puedan ser grandes sus orejas. Como que no hay tijeras, para recortar lo que sobre.
Ya manda esta 90% niña. Ya manda y mucho. Porque la pobre Dyma ha tenido que apuntarse a clases de la “danza del vientre”. Si le preguntas por qué, dice que se lo pidió la niña.
También se apuntó a clases de Salsa (el baile, no la salsa que acompaña a las comiditas ricas), porque la niña 90% quiere bailar.
No pude contároslo antes. Dyma quería asegurarse de que no le pasaba nada por lo menos los tres primeros meses.
Pero ya me dio permiso. Ya esta cronista tiene el honor de anunciaros la próxima llegada de una nueva miembra (90%) de la familia.
¡Por fin me confirman que es al 100% niña! Pues anda que no estaba yo preocupada por ese 10%! Comprenderéis que se prestaba a todo. Pero No. Es niña y muy niña. La niña que presentaremos en la próxima primada. La niña que nacerá en abril.
Ahora a ver como la llaman. Debería llamarse Josefina ¿no? Pues parece que no están por la labor. (“no se lleva” dicen).
Salvadora, otra opción.
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