domingo, 5 de septiembre de 2010

MENSAJE EN UNA BOTELLA




Decidí que era el día adecuado, el momento adecuado, para cumplir un deseo que habitaba dentro de mí desde hacía mucho tiempo.

Compré un billete de barco. Año Santo Xacobeo (no es que sea religiosa, pero tiene su puntito). El barco te llevaba, y te lleva, a ver la puesta de Sol en Finisterre (magia del fin del mundo). A veces y si hay suerte, te acompañan los “arroaces” (delfines pequeños muy simpáticos, como todos los delfines). Pero ese día, sin saber el por qué, no quisieron aparecer (quizá temían por sus hociquitos, tan largos, tan sonrientes).

Porque yo llevaba una botella. Toda la tarde había estado en la playa, playa tranquila de pueblo, pequeña, sin música, sólo los gritos y las risas de los niños, y casi se me hace tarde. De repente se me vino la idea de cumplir el deseo. A toda prisa vacié una botella de buen vino (no me la bebí, sino que la pasé a una jarra, las cosas claras), y escribí rápidamente un mensaje. En una hoja que encontré que llevaba impreso “Expo-Zaragoza 2008” (eso para despistar por lo del año, por lo del lugar, a aquél que por casualidad abra la botella).

Me asaltó una duda: ¿pongo o no pongo dirección? ¿pongo o no pongo teléfono? ¿pongo o no pongo mi auténtico nombre, mis apellidos? Nos meten mucho miedo con esto de la Internet pero nadie nos prepara para escribir un mensaje en una botella. Decidí poner mi correo electrónico, mi E-mail. Y pensé en la gran paradoja que era poner como punto de contacto un e-mail, cumbre de la tecnología en el momento de escribirlo (quién sabe cuando se encuentre, tal vez dentro de unos cuantos años), y utilizar la botella (tan antigua y tan sencilla ella).

También pensé: ¿Y si ésto es una epidemia? ¿ y si en este preciso momento, miles de personas están echando su botella con mensaje al mar? ¿qué dirían los ecologistas? ¿Qué pasaría cuando miles de personas encontraran a la orilla del mar miles de botellas, cada una con su mensaje? .

Por si acaso, subí al barco con la botella escondida.

Y cuando vi que nadie me veía…

Me pareció que la botella se iba un poco triste, balanceándose con las olas del mar.

¡Zas! Adiós, botellita, quién sabe…. Tal vez te encuentre alguien… quizá dentro de unos años en quién sabe qué costa del mundo, alguien te encuentre botellita, te abra y escriba un e-mail…. cuando ya no esté yo para abrirlo.

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FALDON DE CRISTIANAR

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Con este faldón se bautizaron nuestro padre y nuestro abuelo.